

Stone Age, el clásico de la Prehistoria
Bernd Brunnhofer trabajaba como profesor de sociología en Alemania a principios de los ochenta. A punto de cumplir 40 años, decidió dar un vuelco a su vida laboral y se lanzó al mundo de la publicación y edición de juegos de mesa. Tal como explicaría él mismo algunos años más tarde, siempre le había encantado probar cosas nuevas, y su mente inquieta y creativa no encajaba en un horario laboral estricto.
En 1983 fundó con su amigo Karl-Heinz Schmiel una editorial de juegos de mesa. Empezaron el proyecto en un pequeño garaje en el corazón de Múnich. Para bautizar la empresa, eligieron el título de un cuento popular que los hermanos Grimm habían compilado en sus obras: Hans im Glück (Juan el afortunado). Aunque en la historia el protagonista no es que tenga demasiada suerte precisamente, los dos emprendedores confiaban en su actitud positiva y optimista frente a la adversidad. Y la realidad es que la fortuna acabó sonriéndoles.

En 1991 Hans im Glück se convertía en la primera editorial pequeña en recibir un Spiel des Jahres con Drunter & Drüber, de Klaus Teuber. La editorial repetiría éxito con Manhattan, de Andreas "Leo" Seyfarth y El Grande, de Wolfgang Kramer y Richard Ulrich. Ya en 2001 publicaron Carcassonne, el gran éxito de Hans im Glück que catapultaría la empresa hasta la élite del sector.
Convertido en editor de éxito, Brunnhofer podría haberse dedicado solo a buscar buenos juegos. Pero decidió también crearlos. En 2004 publicó Saint Petersburg, y en 2008 salió al mercado el que sería su gran éxito: Stone Age, que en la primera edición firmó como Michael Tummelhofer, como reconocimiento a la ayuda de Michael Bruinsma y Jay Tummelson.
Stone Age reta a los jugadores a sumar puntos gestionando una tribu prehistórica. Turno tras turno, talarán madera de los árboles, cultivarán y cazarán comida, obtendrán piedra de las canteras y buscarán oro en el río. También podrán ir aumentando su tribu, mejorar sus herramientas o erigir construcciones. A partir de una mecánica de colocación de trabajadores, con muy pocas reglas este juego se convirtió muy rápido en uno de los mejores ejemplos de familiar plus del mercado. Es decir, todo aquel que ya se había iniciado en el universo de los juegos de mesa modernos con títulos como Catan y Carcassonne, y buscara un nuevo reto, encontraría en Stone Age el siguiente paso natural.

Otro de los grandes atractivos de Stone Age fue (y sigue siendo) el trabajo de Michael Menzel en el apartado artístico. El tablero muestra una gran ilustración homogénea con todas las zonas que pueden visitar los miembros de cada tribu para llevar a cabo acciones. La caja también viene llena de componentes: desde peones de madera para los recursos y los trabajadores, hasta las cartas de civilización, las fichas de herramientas o las losetas de construcción. En conjunto, Stone Age ofrece una mezcla perfecta y equilibrada entre un buen sistema de juego que se adapta a la temática y unos componentes excelentes, que cristalizan en una experiencia de juego muy satisfactoria.
Stone Age salió al mercado un año más tarde que Agricola, de Uwe Rosemberg, sin duda un titán que hoy también es reconocido como un gran clásico. Sin embargo, Stone Age es un título más accesible a nivel de dificultad, que supo encontrar su público entre una generación que se iniciaba en la afición.

Ediciones para todos los públicos
17 años después de su publicación, Stone Age se ha traducido a múltiples lenguas y cuenta con varias versiones, entre ellas una de específica para los más pequeños. Que en un mercado tan saturado de novedades se siga encontrando un título publicado hace casi dos décadas, significa que se trata de todo un clásico que no puede faltar en ninguna ludoteca.