

'Paleolino', una aventura cooperativa para pequeños exploradores
Paleolino es un juego de mesa cooperativo diseñado para niños a partir de cinco años que permite a los más pequeños sumergirse en el emocionante mundo de Paleo, el título ganador del prestigioso premio Kennerspiel des Jahres en 2021. En esta colorida versión adaptada, el objetivo principal es que los jugadores trabajen en equipo para construir un pequeño pueblecito antes de que su amigo Lino, el mamut, se canse de lanzar recursos y se vaya a dormir. El diseño del juego, desarrollado por Marco Teubner, destaca por incluir componentes montados que convierten cada partida en una experiencia muy táctil y visual, ideal para captar la atención de los peques.
Antes de lanzarse a la aventura por primera vez, los jugadores necesitan preparar el escenario montando estos elementos, que incluyen un dispensador de discos de recurso, una gran montaña con infinidad de caminos y cuatro cuevas que se encajan en su base. Por otra parte, el tablero del pueblo está diseñado para encajar directamente dentro de la caja del juego, creando un espacio central donde se irán colocando los diez inventos necesarios para alcanzar la victoria. Además, cada jugador elige un personaje que cuenta con una mochila propia, donde podrá guardar una ficha de recurso para utilizarla en turnos posteriores o para ayudar a un compañero en apuros.

El flujo de una partida de Paleolino es ágil, estructurado en turnos que siguen cuatro pasos obligatorios. Todo comienza cuando el jugador activo toma el dispensador de recursos, que recuerda a un hacha de mano, y lo sacude suavemente para obtener dos fichas que pueden mostrar madera, piedra, bayas o cristales raros. Una vez obtenidas estas piezas, el jugador debe introducirlas una a una por la cima de la montaña para que rueden y caigan al azar en alguna de las cuatro cuevas de la base. Es vital que todos los jugadores presten mucha atención y recuerden dónde han ido a parar los materiales, ya que el siguiente paso consiste en elegir y explorar una sola cueva para recolectar las fichas que contenga y ponerlas a disposición del equipo en el centro de la mesa. En ocasiones, una ficha puede quedarse atascada en su descenso, momento en el que todos deben participar en el divertido “terremoto”, golpeando la mesa hasta que la pieza siga su camino.

Con los recursos finalmente acumulados, el equipo puede crear los inventos que se encuentran en la parte superior de las pilas de cartas, siempre que se disponga de la combinación exacta de materiales exigida por cada construcción. Los cristales brillantes son comodines que pueden sustituir a cualquier otro tipo de recurso, facilitando la finalización de los proyectos más complejos. Si en algún momento el jugador activo no tiene fichas suficientes, puede pedir ayuda a los demás, permitiendo que cada compañero aporte una ficha desde su mochila personal para lograr el objetivo común. Al terminar el turno, cualquier recurso sobrante en la mesa que no se guarde en una mochila debe devolverse al hoyo central antes de pasar el hacha al siguiente jugador.
Una buena gestión de recursos
La emoción se mantiene hasta el último segundo, ya que la partida es una carrera contra el tiempo y el suministro de materiales. Si el equipo logra completar los diez espacios de creación del tablero del pueblo, ganan inmediatamente. Sin embargo, si el hacha se queda sin fichas antes de terminar la aldea, significa que Lino se ha cansado y la partida termina con una derrota colectiva.
Paleolino ofrece variantes para preparar partidas más fáciles, con más pilas de inventos, o desafíos para expertos que limitan las acciones permitidas por turno. Según como sea el grupo de juego, puede ser una buena idea adaptar la partida. En definitiva, Paleolino no es solo un juego de memoria y habilidad, sino una excelente opción para los más peques, que además aprenderán que si quieren ganar, el trabajo en equipo es fundamental.