

Carcassonne, cuando el puzle y la estrategia hicieron match
Si bien la fascinación de Klaus Teuber por los vikingos dio como resultado Catan, en el caso de Klaus-Jürgen Wrede fueron los cátaros los que le inspiraron para diseñar Carcassonne. Retrocedemos a finales de los años noventa del siglo pasado, cuando este profesor alemán viajó por Occitania para documentar la novela histórica con tintes noir que estaba escribiendo. Tras visitar la ciudad fortificada de Carcassonne, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997, la idea de ambientar un juego de mesa alrededor de la ciudadela en época medieval empezó a tomar forma en su cabeza.
Tras definir las mecánicas, el año 2000 Klaus-Jürgen Wrede presentó el prototipo de Carcassonne a varias editoriales. Hans im Glück vio el potencial del prototipo y, tras algunos cambios, publicó el juego. Para los responsables de esta editorial alemana, Carcassonne combinaba lo mejor de un puzle con un juego de estrategia y preveían que sería todo un éxito. El futuro les daría la razón. Carcassonne fue muy bien acogido, recibiendo el Spiel des Jahres en 2001 y vendiendo miles de copias en Alemania.

Un potencial enorme
El diseño de Klaus-Jürgen Wrede parte de una premisa muy simple: cada turno, los jugadores roban una loseta cuadrada y juegan esa misma u otra en el centro de la mesa, ampliando un mapa personalizado y único de la campiña de Carcassonne. Las losetas muestran distintos patrones en sus lados: un trocito de ciudad, un camino, campos de cultivo, un monasterio… Y los jugadores pueden colocar peones en estas localizaciones para puntuar según varios criterios. El reto, por supuesto, consiste en saber dónde colocar las losetas y cómo colocar los peones para sumar el máximo número de puntos e incluso arrebatarlos a nuestros oponentes.
Carcassonne tenía un potencial enorme para convertirse en un juego que iniciara a nuevos jugadores en la afición: fácil de aprender y rápido de preparar, apto para una gran variedad de públicos, tanto pequeños como mayores, un precio económico y mucha rejugabilidad. Una combinación explosiva que convirtió este título en un imprescindible en cualquier ludoteca.
Joaquim Dorca, de Devir, vio enseguida el potencial de Carcassonne. Por eso, poco después de su lanzamiento en Alemania, negoció los derechos de traducción y distribución con Hans im Glück. La relación entre ambas editoriales sigue dando frutos dos décadas más tarde, tras millones de copias vendidas y múltiples expansiones y reediciones.

Y es que el universo de Carcassonne no ha parado de crecer, a petición de jugadores que desean ampliar la profundidad y las posibilidades del título. Tiene una versión específica para los más peques de casa, Carcassonne Junior; una edición para los que quieran empezar a lo grande, Carcassonne Big Box; una edición especial para conmemorar el 20 aniversario; una edición para los amantes del juego cooperativo, Niebla sobre Carcassonne; incluso se han editado versiones temáticas, como Carcassonne Star Wars. Y también innumerables expansiones: Posadas y catedrales, La abadía y el alcalde, Mercados y puentes, Constructores y comerciantes, La princesa y el dragón, la Torre… Estas expansiones añaden nuevas losetas e incluso peones específicos, que ofrecen distintas maneras de conseguir puntos o añaden algunas mecánicas al juego, como el arquitecto, que permite sacar una nueva loseta si se ha jugado una loseta de ciudad en el lugar donde este se encontraba previamente.

Con todo, el fenómeno Carcassonne ha ido más allá de las mesas de juego. El término meeple y su forma característica se han convertido en iconos universales dentro de la afición, y la mecánica de colocación de losetas se ha popularizado gracias, en parte, a todo el camino abierto por este título. Hoy en día se organizan ligas y torneos o intentos de récord Guinness con el juego como protagonista. En resumen, un clásico que hay que probar una vez en la vida o al que da gusto volver de vez en cuando.